Hijos contra padres

Así lo veís. Estudiantes cargando contra la policía para reivindicar tasas de universidad más justas. Yo solo veo caos social: policías que tienen un sueldo medio cargando contra sus hijos a los que no van a poder llevar a la universidad; padres que les da igual que el gobierno pueda subir sus tasas, que elimine derechos, porque ellos ya han difrutado de las ventajas del Estado del Bienestar. Que cada palo aguante con su vela, pensarán. A mí me ha tocado sufrir, yo tengo mi pensión y que ellos luchen igual que yo .

Esto solo responde a la mayor conflictividad a causa de la escasez de recursos, a causa de una clase media cada vez más empobrecida. Ellos reivindican tener las mismas condiciones que sus padres, que sus hermanos mayores, y no lo van a conseguir. “Quien le echa un pulso al Estado, pierde”, ha dicho Rubalcaba. El aforismo perfecto.

La educación ha dejado de convertirse en un derecho para pasar a ser un privilegio, algo que se puede mercantilizar. Ellos lo único que quieren es convertirles en masa para ser explotada, no una masa culta, dañina para sus intereses.

“Es el mercado, es la deuda que tenemos”, ellos alegan. Como las razones que esgrime un Estado para entrar en una guerra son absurdas, siempre dañan a la población. Igual esto, es la guerra de los muy ricos contra los que menos tienen.  En realidad todo se ciñe a la productividad: Quiero más productividad para competir con mis socios comerciales, si todos somos iguales, si todos tenemos los mismos títulos, se destruye la cadena de incentivos.

Es la dura realidad, a la que me ha tocado enfrentarme.

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Acerca de ingenierosocial

“El planeador parece ser muy sabio en su propia arrogancia; a menudo está tan enamorado con la supuesta belleza de su propio plan ideal de gobierno, que no puede soportar la más mínima desviación en ninguno de sus detalles. El lo diseña completamente en todos sus detalles, sin ninguna consideración hacia los intereses o prejuicios que puedan estar en contra del mismo. Parece imaginar que puede manejar a los miembros de la sociedad con la misma facilidad con que uno coloca las diferentes piezas en un tablero de ajedrez.” Carlos es un librepensador de 24 años que no practica la soberbia.
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