Vuelta de tuerca para criminalizar aún más al varón

Por una vez, comparto lo que dice El Mundo

Editorial en EL MUNDO, edición impresa. Pagina 3.

LA MODIFICACIÓN del Código Civil que pretende impulsar el Gobierno para retirar automáticamente la custodia de los hijos a los hombres que resulten imputados en cualquier delito de violencia de género es un grave error, que insiste en la línea ideológica de criminalizar al varón por el simple hecho de serlo. La propia presentación de la iniciativa causó ayer confusión por las versiones distintas que ofreció la ministra de Sanidad e Igualdad y por los términos jurídicos imprecisos que utilizó.
Leire Pajín informó en un primer momento de que la pérdida de la custodia estaba pensada para «los maltratadores con una sentencia firme». Sin embargo, horas después matizaba que sería de aplicación a todos los hombres «incursos en un proceso por violencia de género», sin necesidad por tanto de que exista sentencia y -habrá que colegir también de sus palabras- sin necesidad siquiera de que éstos hayan sido procesados. A última hora de la tarde el Ministerio se vio en la obligación de publicar una «nota aclaratoria» en la que aseguraba que la propuesta no significa que los acusados por violencia de género vayan a perder la guarda y custodia de sus hijos «sólo por el hecho de ser denunciados».

El anuncio de la ministra fue realizado durante el acto de homenaje a las víctimas mortales de la violencia de género y todo indica que, más que ante una iniciativa meditada, estamos ante un guiño al colectivo feminista para aparentar que van a darse más garantías a las víctimas. Sin embargo, la retirada cautelar de la custodia de los hijos a presuntos maltratadores ya está prevista en el Código Penal y viene aplicándose con normalidad: en cinco años ha sido dictada a más de 11.000 hombres.

Las asociaciones judiciales reaccionaron ayer de forma unánime contra la medida anunciada por Pajín, que calificaron de «innecesaria», «propagandística» y «peligrosa». En esas críticas coincidieron -circunstancia poco común- tanto las asociaciones progresistas como las conservadoras. Los jueces están en contra de que la retirada de la custodia se aplique de forma automática, independientemente de las circunstancias de cada caso.

Hay incluso serias dudas de que el cambio normativo sea constitucional, puesto que equivale a despreciar la presunción de inocencia. Pero además, existe el convencimiento de que una legislación así tendría efectos perversos en los procesos de separación, pues dispararía las denuncias falsas por malos tratos.

Tratándose de una iniciativa de tanta repercusión, lo lógico sería que Pajín hubiera intentado pactarla con el principal partido de la oposición. Sin embargo, el PP reiteró ayer que está en contra de retirar la custodia sin que exista una sentencia judicial. Lo que a estas alturas parece empezar a quedar claro es que la ministra ha intentado dar otra vuelta de tuerca a ese planteamiento de política penal de género que castiga al varón, y que ya se ha consagrado con una legislación que prevé penas distintas para un mismo delito en función de si el condenado es hombre o mujer.

Los colectivos de homosexuales han vuelto a insistir esta semana en las contradicciones de la Ley de Violencia de Género con una campaña en la que exigen que no se les excluya. Dado que la norma no contempla las agresiones entre parejas del mismo sexo, rebaja estos episodios a la consideración de simple violencia doméstica. Ya hay sentencias en ese sentido, como la dictada por la Audiencia de Cantabria corrigiendo a un Juzgado que había condenado por «violencia de género» a una lesbiana que agredió a su esposa.

He aquí el disparate al que lleva esta política penal de género: el Gobierno que más se ha significado por la defensa de los derechos de los homosexuales acaba siendo acusado por negárselos en materia de violencia de género. En el fondo, lo que esto demuestra es que ante el Derecho no debería haber ni hombres, ni mujeres, ni gays, ni lesbianas, sino ciudadanos con iguales derechos y obligaciones.

 

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Acerca de ingenierosocial

“El planeador parece ser muy sabio en su propia arrogancia; a menudo está tan enamorado con la supuesta belleza de su propio plan ideal de gobierno, que no puede soportar la más mínima desviación en ninguno de sus detalles. El lo diseña completamente en todos sus detalles, sin ninguna consideración hacia los intereses o prejuicios que puedan estar en contra del mismo. Parece imaginar que puede manejar a los miembros de la sociedad con la misma facilidad con que uno coloca las diferentes piezas en un tablero de ajedrez.” Carlos es un librepensador de 24 años que no practica la soberbia.
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