Un correo de despedida cualquiera

Nunca he reproducido uno, pero aquí va uno de tantos que cíclicamente recibo en mi bandeja de entrada de mi trabajo. Y son muy trascendentes para mí.

¡Hola a todos!

Bueno, os escribía para deciros que este fin de semana va a ser el último fin de semana que vaya a trabajar con vosotros.

Desde Abril de 2006 que empecé a trabajar en —- la plantilla ha variado notablemente y, aunque a muchos de
vosotros no me ha dado tiempo a conocer, os quería agradecer todo lo que me habéis aportado durante este tiempo además de los buenos momentos que hemos pasado juntos.

Estoy muy contenta de haber formado parte de esta gran empresa tanto por los valores y vitaminas que siempre nos ha transmitido como por el conjunto de personas que la formamos que hacen que venir cada día a trabajar no sea simplemente otro día cualquiera.

Ahora toca despedirme, pues he finalizado mis estudios y voy a dedicarme a trabajar para lo que me he estado preparando durante todo este tiempo.

Nunca sabremos si nuestros caminos se volverán a cruzar pero, en cualquier caso, quería desearos lo mejor y daros de nuevo las gracias por todo.

Un beso,

Marta

Para cualquier persona este correo carece de relevancia. Conozcas a Marta o no es irrelevante. Lo verdaderamente importante es las razones de porqué se marcha del trabajo: “he finalizado mis estudios y voy a dedicarme a trabajar para lo que me he estado preparando durante todo este tiempo”.

Eso es la verdadera razón que mueve a Marta a dejar el trabajo, su desarrollo personal, no el dinero, sino lo que ha estudiado durante el tiempo en que ha estado compatibilizando estudios con su trabajo. Nunca más volveré a ver a Marta, a pesar de que llevo con ella 4 años trabajando. Y mientras ella está satisfecha con su vida, viéndose completa consigo misma, yo sigo frustrado académicamente hablando.

Así es la vida, lees correos de despedida que nunca podrán tener respuesta.

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Acerca de ingenierosocial

“El planeador parece ser muy sabio en su propia arrogancia; a menudo está tan enamorado con la supuesta belleza de su propio plan ideal de gobierno, que no puede soportar la más mínima desviación en ninguno de sus detalles. El lo diseña completamente en todos sus detalles, sin ninguna consideración hacia los intereses o prejuicios que puedan estar en contra del mismo. Parece imaginar que puede manejar a los miembros de la sociedad con la misma facilidad con que uno coloca las diferentes piezas en un tablero de ajedrez.” Carlos es un librepensador de 24 años que no practica la soberbia.
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